Construyendo una Cultura de Vigilancia

Por el Obispo James Conley

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Mientras continuamos nuestra peregrinación a través de este tiempo penitencial de Cuaresma, nos esforzamos por incorporar en nuestras vidas los tres actos tradicionales de la temporada: oración, ayuno y limosna. Tratamos de tomarnos un tiempo extra para contemplar la Pasión de Cristo y meditar más intencionalmente sobre el dolor y el sufrimiento que nuestro Señor soportó para ganar nuestra salvación. Al acercarnos a la Semana Santa y a la celebración del Triduo Sagrado, oramos por una conversión y purificación más profunda para nosotros mismos y para toda la Iglesia.

Durante los últimos ocho meses, he dedicado muchas de mis columnas semanales aquí sobre la crisis de abuso sexual del clero. Estas columnas fueron precipitadas en parte por las horribles historias de abuso y encubrimiento en el informe del Gran Jurado de Pensilvania, pero también por las trágicas historias que comenzaron a salir a la luz pública aquí en Lincoln y mi creciente comprensión de que debemos mejorar para las familias y los niños de nuestra diócesis.

Ha quedado claro en mi corazón que debemos hacer más por las víctimas de abusos sexuales perpetrados por nuestros hermanos sacerdotes, y honrar a estas víctimas asegurándonos de que la próxima generación no tenga que experimentar el flagelo del abuso y el sufrimiento que viene con años de silencio y dolor. Debemos ser solidarios entre nosotros y con Dios para hacer frente a este mal que sigue infiltrándose en nuestra Iglesia y que genera cinismo acerca de nuestra fe, nuestros sacerdotes y nuestras buenas obras.

No hay una respuesta única, o una acción única, para combatir esta crisis, pero me encuentro volviendo constantemente a la misma idea fundamental: la vigilancia. Debemos estar atentos. Podemos tener políticas y programación de un ambiente seguro, pero sin mi vigilancia y la de mi personal, nuestro clero, nuestros maestros y ustedes, los Fieles, esas políticas y programas simplemente no funcionarán. Nuestro compromiso con la protección de los niños no puede limitarse a palabras que se colocan en un estante para recoger polvo, sino que requiere una acción constante y un esfuerzo continuo para construir una cultura de vigilancia y cero tolerancia.

Esta idea de vigilancia también se reflejó en las recomendaciones que me hizo recientemente el grupo de trabajo independiente y voluntario que convoqué. He escrito sobre este grupo de trabajo muchas veces y me complace comunicarles que el grupo de trabajo terminó su trabajo en marzo.

Entre los miembros del grupo de trabajo se encuentran un director ejecutivo, un director financiero, un ex fiscal adjunto de los Estados Unidos y un asesor de confianza sin fines de lucro. Este extraordinario grupo está compuesto por miembros conocidos y de buena reputación de la Iglesia local, y también son muy respetados en la comunidad empresarial y legal de Nebraska. Cada miembro ha demostrado gran liderazgo e integridad para alcanzar sus propios éxitos personales y profesionales en la vida.

Se sabe que son honestos, objetivos e independientes. En efecto, son vigilantes en su propia vida, en sus carreras, en su pasión por Cristo, en su amor por esta diócesis, y en su compasión por todos aquellos que han sufrido del abuso sexual en la infancia.

Con este grupo de trabajo, pedí y recibí una evaluación sincera del manejo de la diócesis de las acusaciones de abuso sexual de menores. En esta evaluación se analizó lo que se había hecho bien y lo que se había hecho mal, y luego se identificaron los pasos necesarios para avanzar en la construcción de una cultura de vigilancia, en la que la responsabilidad, la rendición de cuentas y la transparencia son requisitos. 

Hoy, basado en las recomendaciones del grupo de trabajo y como un paso más hacia la construcción de esta cultura de vigilancia, anuncié tres nuevas iniciativas para abordar el abuso sexual infantil: (1) la promulgación de nuevas políticas integrales de ambiente seguro; (2) la publicación de una lista de sacerdotes diocesanos contra los cuales se han reportado acusaciones fundamentadas de abuso sexual infantil; y (3) el inicio de una investigación diocesana sobre la conducta sexual inapropiada del sacerdote fallecido Monseñor Leonard Kalin. Los detalles de estas iniciativas se han publicado en una declaración aparte, pero hay algunos puntos que me gustaría destacar.

(Leer más: www.lincolndiocese.org/vigilance)

Las políticas revisadas tienen la intención de inculcar vigilancia y atención al tema del abuso sexual, y a mantener a nuestras parroquias y comunidades escolares como ambientes seguros para los niños. Dejan en claro que la diócesis hará cumplir una política de cero tolerancia cuando se trate de abuso sexual infantil por parte de su clero y que todas las acusaciones de abuso sexual de menores serán reportadas a la policía.

Estamos publicando los nombres de sacerdotes diocesanos vivos y fallecidos que el grupo de trabajo concluyó que son objeto de acusaciones fundamentadas de abuso sexual de menores. Se pueden añadir otros nombres a esta lista si sale a la luz nueva información. No somos la primera diócesis en dar este paso y no seremos la última, pero es un paso importante para la comunidad diocesana para reconciliarse con el pasado y reconocer el dolor causado por estos hombres. Las víctimas merecen este reconocimiento público. También espero que al publicar estos nombres, cualquiera que haya estado viviendo en silencio y no se haya presentado, lo haga para reportar a la ley y buscar ayuda para las víctimas en la diócesis.

También estamos publicando una lista de sacerdotes que actualmente están en licencia administrativa o bajo investigación por parte de la diócesis por acusaciones de mala conducta sexual que pueda involucrar a menores o adultos jóvenes.

La investigación de Monseñor Leonard Kalin es crítica para que nuestra diócesis avance. Aunque ya fallecido, como director de vocaciones durante décadas, Monseñor Kalin era muy conocido y tenía contacto con muchos de nuestros actuales clérigos y líderes laicos en la diócesis. Cuando el pasado mes de agosto se hicieron acusaciones públicas de que Monseñor Leonard Kalin había incurrido en conducta sexual inapropiada y violaciones de límites emocionales y físicos con jóvenes adultos, se creó una nube oscura sobre todo su legado dentro de la diócesis. Al llevar a la luz al Monseñor Leonard Kalin y su conducta pasada, esperamos comprender mejor el alcance de sus acciones y, si es necesario, brindar el apoyo apropiado a nuestros sacerdotes, líderes laicos o a cualquier otra persona que pueda haber sido víctima. 

Finalmente, a las víctimas de abuso sexual infantil en nuestra diócesis, les ruego que sepan que estoy dispuesto a reunirme personalmente con ustedes y a escuchar sus historias, si al hacerlo pueda ayudarlos a sanar. Lamento profundamente lo que les ha sucedido y quiero asegurarles mi continuo cuidado pastoral.

Estoy tremendamente agradecido al Equipo de Trabajo y a todos aquellos que contribuyeron con su tiempo, energía, conocimiento y experiencia a este proceso que nos ha llevado a este punto. Estos anuncios no son el final del proceso, sino un nuevo comienzo para la diócesis y un compromiso renovado con los fieles que estaremos atentos en nuestros esfuerzos para proteger a nuestros jóvenes. Como su obispo, estoy llamado a ser un buen pastor, atento al cuidado y a las necesidades de todo nuestro pueblo, especialmente de los más vulnerables.

Durante este tiempo de Cuaresma, no sólo oramos por las víctimas inocentes de estos atroces actos de abuso, sino que nos dedicamos de nuevo a la purificación a través de la obra del Espíritu Santo, para que la Iglesia pueda ser sanada aquí en Lincoln y en todo el mundo.

Obispo Conley

 Acá encontrará la reciente carta del Obispo sobre el tema de la inmigración: Español    English

 

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