Buenos Sacerdotes

Por el Obispo James Conley

Todos se divirtieron mucho! Los sacerdotes de la Diócesis de Lincoln jugaron un juego competitivo (pero caritativo) de softball con los sacerdotes de la Arquidiócesis de Omaha por el quinto año, en el Día del Padre, en Werner Park en Papillion. (Nota del editor: hay fotos del evento en el sitio web de la Diócesis)

El año pasado, los sacerdotes de Lincoln cedieron el trofeo a los buenos sacerdotes del norte del Platte (Arquidiócesis de Omaha). Este año, después de un partido de alto puntaje, regresó triunfante, de vuelta a su lugar de honor en la Cancillería de Lincoln. Me alegró ver a los sacerdotes, a los religiosos y a tantas familias que salieron a apoyar a los sacerdotes de ambas diócesis pasar un momento tan maravilloso. Felicitaciones a los Caballeros de Colón que patrocinaron este evento anual y que siempre hacen un trabajo tremendo.

Nuestros sacerdotes son buenos jugadores de softball, pero sobre todo, son buenos hombres, como lo son los sacerdotes de Omaha y la mayoría de los sacerdotes de todo el mundo.

Un número muy pequeño de sacerdotes que fracasaron en lo que fueron llamados a ser han dañado la reputación de todos los sacerdotes, pero ese no es el enfoque de mi columna hoy. Hoy, quiero expresar mi amor y aprecio por la mayoría de nuestros sacerdotes, a menudo olvidados, raramente mencionados en los medios de comunicación, que continúan sirviendo fielmente a nuestras parroquias y apostolados en la Diócesis de Lincoln. Estoy orgulloso de nuestros sacerdotes. Son buenos hombres, rezan mucho y se gastan por la Iglesia y su pueblo.

Puede sorprenderle saber la variedad de formas en que los sacerdotes sirven a la Iglesia y a sus comunidades. Su principal deber es pastorear y trabajar junto a su pueblo en su camino hacia el Reino de Dios. Ellos administran los Sacramentos, transmitiendo la gracia santificante ganada por Jesús en el Calvario para el mundo. Predican lo que Jesús enseñó, en verdad y amor, “a tiempo y fuera de tiempo.”

Ellos enseñan en nuestras escuelas, aconsejan a jóvenes, ancianos y a todos los que luchan con los muchos desafíos que el mundo, la carne y el diablo les lanza. Irán al lado de los moribundos a cualquier hora del día o de la noche para llevarles los últimos sacramentos. A menudo dejan cualquier cosa en cualquier momento cuando hay una necesidad pastoral.

Pero esa no es la única manera en que sirven. Por ejemplo, el Padre James Schrader ha servido durante mucho tiempo como paramédico en los lugares a los que ha sido asignado, encontrando el mismo tipo de sufrimiento y aportando no sólo su experiencia en primeros auxilios, sino también sus habilidades pastorales para soportar las innumerables situaciones que ha enfrentado.

El Padre Christopher Kubat, M.D., muchos lo saben, era cirujano antes de convertirse en sacerdote. Aporta el corazón de un sacerdote y de un médico a su trabajo pastoral, en particular los muchos años que fue director de los Servicios Sociales Católicos. Nuestros sacerdotes bilingües, como el Padre Ramón Decaen y el Padre Joseph Nguyen, sirven no sólo a la Iglesia, sino también a sus comunidades con sus habilidades lingüísticas.

Algunos de nuestros sacerdotes han servido en misiones extranjeras como el Padre William Kalin, o actualmente sirven en otras diócesis como el Padre Thomas Walsh, haciendo trabajo sacerdotal en la Diócesis de Gallup, N.M., en medio de la pobreza extrema, y el Padre Thomas Kuffel, quien está sirviendo en la Diócesis de Fairbanks, Alaska, donde hay una extrema escasez de sacerdotes.

Podría continuar, pero basta decir que los sacerdotes traen todas sus habilidades a la mesa, y al altar, de los lugares a los que sirven. No puedo empezar a decirles cómo hemos sido bendecidos en nuestra diócesis con tan buenos sacerdotes. Son “otros Cristos,” es decir, están configurados por su ordenación para llevar la voz, las manos y el Corazón de Cristo a todos los que encuentran.

Pero sólo hay un sacerdote perfecto, y ese es Jesucristo. El resto de nosotros nos quedamos cortos. Los sacerdotes siguen siendo hombres. Algunos, como San Juan Vianney, lucharon con los estudios en el seminario. Algunos, como San Damián de Molokai, sufren físicamente. Algunos, como San Benito José Labre, sufren emocionalmente. Algunos son alcohólicos en recuperación como el Venerable Matt Talbot.

Tienen días buenos y malos. Tienen cruces, como todo el mundo, que deben llevar. Ninguno de ellos es perfecto. Pero estoy orgulloso de ellos. La mayoría están trabajando en las trincheras a tiempo completo. Algunos, aunque oficialmente jubilados, todavía ayudan en las parroquias, como el enérgico Mons. Adrian Herbek, que está sirviendo como administrador de la Parroquia de San José en Friend, o rezan y ofrecen a Jesús las dificultades de la vejez y la enfermedad, por ti y por mí y por sus hermanos sacerdotes.

Como su obispo, amo a cada uno de mis sacerdotes, incluso a los que han fracasado gravemente. El viernes 28 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, es la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Por favor oren por todos los sacerdotes. Y por favor, de alguna manera sencilla, muestren su amor y gratitud por aquellos sacerdotes que les han servido bien. Con su “sí” a Jesús, eligen tomar la cruz, sus propias cruces, las de las personas a las que sirven, las de otros sacerdotes e incluso las cruces que otros rechazan. Son verdaderamente hombres excepcionales de Dios. Y muy buenos jugadores de softball también.

Obispo Conley

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